Actualmente, las
Instituciones de Educación Superior (IES) tendrán que enfrentar un enorme
compromiso, además de generar, transmitir y difundir el saber: actualizarlo.
Y esta tarea sólo podrán lograrla si ellas mismas se actualizan, es decir, si
aprenden a transformar sus prácticas como parte de un proceso de evolución
necesario, consciente y vital para la institución y sus integrantes. Esta
evolución de las IES no es sólo
necesaria sino que parece ser urgente. Hoy, por ejemplo, el aprendizaje ya no
puede reducirse a una etapa de nuestras vidas sino que se habla ya de
aprendizaje permanente, continuo o para la vida. En este sentido, las IES no se
medirán en el futuro por la cantidad de información que resguardan sino por la
manera en la que han contribuido a formar conciencias, hombres y mujeres
capaces de afrontar los retos de su tiempo.
Esta necesidad de cambio ha llevado a las Escuelas Normales del país ha
emprender un proceso de transformación. En esta línea destacan tres grandes
acciones: el Programa para la Transformación y el
Fortalecimiento Académicos de las Escuelas Normales (PTF), implementado en
1996; el Programa Nacional para la Actualización Permanente
(Pronap), que inició su aplicación en 1995; y la Política Nacional para la Formación
y Desarrollo Profesional de los Maestros de Educación Básica, puesta en
marcha en 2004. La propia Secretaría de Educación Pública (SEP) estableció en
el Programa Nacional de Educación
2001-2006, la necesidad de Impulsar
la creación de un nuevo enfoque
educativo, flexible, eficiente, basado en la formación, que
posibilite el desarrollo integral de los individuos así como el fomento de
valores y una sana disciplina intelectual. Para lograr lo anterior, ha sido
necesario un cambio de paradigma educativo que implica, entre otros aspectos,
que éste se halle centrado más en el alumno que en el docente. Esto obliga,
también, a efectuar una minuciosa revisión del currículum que permita orientarlo no ya al simple dominio de un campo
del conocimiento sino a la adquisición de habilidades y el desarrollo de
competencias.
Para llevar a
cabo lo anterior, una de las acciones puestas en marcha para atender los
reclamos de una educación permanente y la generación de hábitos personales de
organización, es justamente el Programa Institución de Tutoría (PIT). Éste,
como sabemos, surge como consecuencia de la búsqueda y consolidación de un
nuevo enfoque educativo que se basa en la flexibilidad curricular, la
implementación de nuevos ambientes de aprendizaje, el fortalecimiento de
valores y el impulso al autoaprendizaje, la incorporación de las Nuevas
Tecnologías de la
Información (TIC’s) al aprendizaje y la enseñanza, la
vinculación del conocimiento con su campo de aplicación, el trabajo en equipo y,
esencialmente, en un nuevo rol que debe asumir el docente para que sea visto no
ya como depositario del saber, sino como mediador.[1]
Juan
Delval ha dicho algo extraordinariamente
vigente: “Parece obvio que cualquier cambio en la educación tiene que prestar
atención especial a los maestros y a su formación”.[2] Dicha
afirmación supone dos aspectos fundamentales: 1) Los maestros son protagonistas
de los cambios en la educación y 2) El carácter de su formación, así como su
actualización y capacitación, resultan trascendentales para efectuar dichos
cambios. Refiriéndose a la formación a partir del sistema tutorial, Ruy Pérez
Tamayo reconoce que éste no sólo es el más “conocido desde hace muchísimo
tiempo [sino] el más eficiente para educar al ser humano en tareas creativas”.[3] Para este
autor, es fundamental que el docente
enseñe mediante el testimonio porque, dice, “es prácticamente imposible
enseñarle a un estudiante a hacer algo que su maestro no hace”.[4]
Como podemos deducir, desde esta perspectiva es imprescindible que el docente considere a sus estudiantes como el objetivo central de su actividad y los motive para aprender, pues el aprendizaje no es sólo una experiencia cognitiva sino sobretodo emocional. Es vital, igualmente, que el docente sepa a quién, qué, cómo, dónde, cuándo, por qué y para qué enseñar; que aprenda a ubicar el mejor momento para su intervención y aliente a sus alumnos a superarlo. Ante todo, el docente debe comprender a sus alumnos. Pero para ello, “Para tener la posibilidad de comprender a los estudiantes, en principio hay que intentar conocerlos. No es posible enseñar ni orientar adecuadamente a quienes no se conoce”.[5]
Así, la puesta en marcha de Programas de Tutoría en las IES
responde, en parte, a la necesidad de conocer a los estudiantes, a esos
“actores desconocidos”, como los definió Adrián de Garay.[6] De ellos, es importante
saber su trayectoria escolar, características y origen social, y la influencia
que tienen estos rubros en su desempeño.[7] Por otro lado, el Programa
busca atender diversos aspectos que se engloban en la expresión formación integral. Esto quiere decir
que no basta que las IES generen, transmitan y difundan el saber, sino que es
preciso que ayuden a sus estudiantes en su maduración personal y en el
desarrollo de habilidades cognoscitivas y prácticas, así como el
fortalecimiento de actitudes, valores y principios éticos.
De manera particular, el Programa Institución de Tutoría implementado en la Universidad Autónoma del Estado de México, ha advertido que “la calidad de la dedicación a la docencia, la formación y la actualización didáctica y disciplinaria del personal docente son factores que influyen en los índices de reprobación y deserción de los alumnos”[8]. Por ello considera fundamental que el docente desempeñe tres funciones básicas: orientador, asesor y tutor. Pese a que no se puntualiza al respecto, cabe decir que el profesor orienta cuando muestra a una persona el camino a seguir; asesora cuando sugiere y aconseja profesionalmente de acuerdo al ámbito de su competencia y, finalmente, se desempeña como tutor cuando conjuga las dos funciones anteriores pero, además, dirige a sus alumnos en un ambiente de respecto, tolerancia y trabajo corresponsable, al fincar su trato en una actitud cordial y afectiva.
La palabra orientador alude a un conocedor que sugiere una
dirección por seguir (orienta el padre de familia, el sacerdote, el policia,
etc.), mientras que asesor viene del latín assessor
y assidere, que significa “estar sentado al lado”; esto
es, auxiliar a un aprendiz en el dominio de un campo específico del saber
humano. Por su parte, la palabra tutor viene del latín tutari, que significa “proteger”, “velar por”, “tener bajo
protección a alguien”. Como se puede advertir, la tutoría no sólo involucra
conocimientos propios de una o varias disciplinas, sino una actitud de empatía que
permite compartir, solidariamente, los logros y fracasos de los tutelados. Respecto
a ella, Howard Gardner ha establecido un principio básico: “tutor y tutelado se
eligen mutuamente”.[9]
Ahora, si bien es cierto se han establecido ya algunos criterios para
definir un perfil de tutor[10],
entre los que destacan: capacidad de decisión, experiencia, empatía,
sensibilidad, actitud de aceptación, actitudes directas y positivas ante la
escuela y la educación en general, interés en el servicio, honestidad,
discreción, capacidad para establecer
alianzas de trabajo y habilidades de comunicación, considero esencial que las
Escuelas Normales contribuyan a la definición de ese perfil y no sólo
transplanten programas y propuestas de otras instituciones de manera
irreflexiva o poco responsable. De hecho, el Programa Indicativo de Tutoría y Asesoría Académica que rige esta
actividad en el seno de las Escuelas Normales del Estado de México, aglutina
los rasgos deseables del tutor en tres grandes rubros: cualidades humanas,
científicas y técnicas; no obstante, y en correspondencia con estos tres
aspectos, creo fundamental que el tutor, atienda a los tutelados también en
tres grandes ámbitos: su ser, conocer y actuar. A partir de éstos últimos me atrevo a proponer lo que
considero pueden ser los roles y las funciones clave que debe cumplir un tutor:
ROLES Y FUNCIONES
CLAVE DEL TUTOR ACADÉMICO
EN LAS ESCUELAS NORMALES
DEL ESTADO DE MÉXICO
S
|
ervir de guía académico de los estudiantes bajo su cuidado.
|
E
|
stimular el aprendizaje y autoaprendizaje.
|
R
|
esolver dudas y problemas de índole académico-administrativo.
|
C
|
onocer la trayectoria académica de sus tutelados e identificar sus
cualidades reales y potenciales
|
O
|
rganizar sesiones de trabajo individual y grupal para reforzar
aptitudes, actitudes y hábitos de estudio, o bien, promoverlas.
|
N
|
umerar los retos y metas a alcanzar.
|
O
|
rientar al tutelado en cuanto a la administración de su tiempo y
sugerir asesores que puedan apoyarlo en los diferentes campos disciplinarios.
|
C
|
onsensuar, junto con el tutelado, una metodología de estudio y trabajo
que permita fijar estrategias y acciones específicas a llevar a cabo para
atender su formación integral.
|
E
|
stablecer normas de trabajo corresponsable que deberán acatarse.
|
R
|
evisar periódicamente el trabajo realizado para evaluarlo y, en su
caso, reorientarlo.
|
A
|
compañar el desempeño académico del tutelado y registrar sus avances.
|
C
|
ontribuir en la formación integral de sus tutelados a fin de que
desarrollen conocimientos, habilidades cognoscitivas y prácticas, actitudes,
valores y principios éticos.
|
T
|
utelar de manera profesional y desinteresada.
|
U
|
nir esfuerzos con docentes, directivos, padres de familia e instancias
especializadas, a efecto de desempeñar adecuadamente su labor.
|
A
|
ctuar éticamente, promoviendo un clima de respecto, aceptación,
comunicación, tolerancia, responsabilidad y confianza, brindando información
académico-administrativa y sugiriendo actividades escolares y extraescolares
que favorezcan el desarrollo integral de los tutelados.
|
R
|
espetar en los tutelados su personalidad, estilos y ritmos de
aprendizaje, intereses, gustos y expectativas, y aprovecharlos para que asuman
un papel más activo en relación con su propio aprendizaje.
|
Son estos tres ámbitos: ser, conocer y
actuar, los que propongo para ser atendidos por el tutor. Lo hago no sin saber
que aún existen problemas de orden académico. Hace falta, por ejemplo, un
esclarecimiento de conceptos, es decir, el establecimiento de un marco teórico
mínimo; también un diagnóstico respecto a las características personales de los
docentes que han de desempeñar esta actividad; su correcta selección, capacitación
y actualización; estrategias que aseguren el trabajo en equipo; establecimiento
de incentivos o estímulos para quienes efectúen esta labor, etc. Otras
dificultades son de tipo administrativo. Aquí cabe decir que es necesario un
marco legal que regule esta función; determinar quiénes habrán de llevarla a
cabo, si docentes de tiempo completo o profesores horas clases. En este
sentido, también es urgente ver la factibilidad de una descarga horaria para
los tutores y establecer el mejor momento para implementar esta tarea en las
Escuelas. Por otra parte, y esta es, desde mi perspectiva, una cuestión
central, es prioritario definir si la tutoría forma parte de un proceso que, al
acompañar al estudiante, la escuela proporciona a todos, sin excepción, bajo ciertos
criterios y normas bien definidos y de carácter obligatorio; o bien, si es un servicio y, por tanto, está a merced de los interesados en recurrir a él. De ser
así, la tutoría no podría ser obligatoria para todos sino exclusiva de aquellos
quienes buscan fortalecer su plataforma personal e intelectual. Y es que la
tutoría forma parte, según expresión de David René Thierry, de un “triángulo
cautivo” que incluye también la enseñanza y la asesoría y que, originalmente,
estaba destinada a la formación profesional en el posgrado.
El mismo Thierry dice:
El maestro debe estar preparado para enseñar. Por supuesto,
es mucho lo tiene que saber un maestro: el campo de la realidad que le toca
enseñar (su materia); el conocimiento estrechamente relacionado con su materia
(domino del campo disciplinario); la naturaleza de la enseñanza (didáctica); la
psicología humana (entenderse a sí mismo y entender a los demás para animar
aprendizajes); la mejor forma de comunicar sus conocimientos […] el orden
social en el cual se desenvuelve el proceso educativo (entorno); y el uso
adecuado de la tecnología y de los medios de comunicación.[11]
Respecto a la asesoría, afirma:
La asesoría es un proceso que persigue objetivos académicos
determinados, donde un profesor establece una relación con uno o varios
alumnos, siempre y cuando asuma su responsabilidad docente y busque realizar
sus tareas con calidad. [En este
sentido] de la necesidad de recibir asesoría, surgen otras interrogantes con el
fin de identificar si las causas del problema radican en la enseñanza o en el
aprendizaje, o bien responden a cuestiones afectivas […][12]
Como se puede apreciar, enseñanza,
asesoría y tutoría, son sólo algunas de las funciones que se le exigen
actualmente al maestro. De esta forma, parece obvio que todos los maestros
enseñan, aunque no todos brinden asesoría o tutoría. Respecto a la asesoría,
“Los alumnos [la demandan] por problemas académicos relacionados con la
asignatura que imparte el profesor: antecedentes académicos deficientes,
dificultad para poner atención; o falta de métodos y hábitos de estudio”.[13]
Esto quiere decir, en algún sentido, que la asesoría tiene un carácter predominantemente
asistencial, es decir, al asesorar, el profesor debe “[…] aclarar dudas,
proporcionar información, recomendar ejercicios, tareas o lecturas, además de
dar seguimiento y buscar la retroalimentación para verificar el efecto de la
asesoría”[14].
Thierry
García sostiene que en este “triángulo cautivo” la tutoría es la más difícil de
desempeñar, pues implica entablar, con el o los estudiantes, una relación
interpersonal muy estrecha. Así, afirma, “Para ser tutor (tarea que no admite
gradación) es necesario desarrollar la habilidad mediante una sólida
capacitación en la técnica de entrevista y en el proceso de evaluación
(diagnóstica y formativa). [Además,] al promover una formación profesional
personalizada [ha de tener] el análisis,
la reflexión y la crítica como herramientas”.[15]
Bajo esta óptica, es importante
reconocer que el Programa Institucional de Tutoría, si bien
está en sus inicios en las Escuelas Normales del Estado de México, también está
siendo visto como una estrategia de cambio institucional que favorece y
contribuye a lograr la calidad académica en nuestras instituciones y a mejorar
el aprendizaje y desempeño escolar de nuestros estudiantes. Es una
propuesta puesta en marcha que, por lo mismo, más que resistencia,
improvisación o apatía, exige el concurso de todos los que conformamos esta
comunidad educativa. Sólo trabajando corresponsablemente, proponiendo,
analizando y discutiendo, habremos de fijar metas y propósitos comunes y
podremos llevar esta difícil función a buen puerto.
Obras Consultadas
- ARREOLA, Juan José, La palabra educación, Secretaría de Educación Pública, Col. SEP-Setentas No.90, México, 1973, 175 pp.
- DELORS, Jacques, La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, UNESCO, México, 1997.
- DELVAL, Juan, Los fines de la educación, Siglo XXI, México,
- DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN NORMAL, Asesoría y tutoría académica. Programa indicativo. Toluca, México, octubre de 2006.
- DÍAZ-BARRIGA Arceo, Frida y HERNÁNDEZ Rojas, Gerardo, Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista, Mc Graw Hill, México, 2005.
- DÍAZ Flores, Martha et al., Lecturas de apoyo para tutores. III Tomos, Universidad Autónoma del Estado de México, México, 2003.
- GARDNER, Howard, Las cinco mentes del futuro. Un ensayo educativo, Paidós, Barcelona, 2005, 113 pp.
- GUTIÉRREZ Vázquez, Juan Manuel, Aprendiendo a enseñar y enseñando a aprender, Trillas, México, 2006, 105 pp.
- MORIN, Edgar et al,, Educar en la era planetaria, Gedisa, Barcelona, 2003, 140 pp.
- ______ , Los siete saberes necesarios para el siglo XXI, UNESCO, París, 1999. [Trad. Irasema Aguilar Vázquez. Revisión David René Thierry García]
- PÉREZ Tamayo, Ruy, Cómo acercarse a la ciencia, CNCA-Limusa.Fondo Editorial de Querétaro, México, 1992,
- POZO Municio, Ignacio, Aprendices y maestros. La nueva cultura del aprendizaje, Alianza, Madrid, 2005, 383 pp.
- PIMENTEL Álvarez, Julio, Breve diccionario latín/español, español/latín, Porrúa, México, 1999, 670 pp.
- RUBIO Oca, Julio (Coord.), La política educativa y la educación superior en México. 1999-2006: Un balance, SEP-FCE., México, 2006, 319 pp.
- SAVATER, Fernando, El valor de educar, Ariel, México, 1997, 223 pp.
- STEINER, George, Lecciones de los maestros, Fondo de Cultura Económica-Ediciones Siruela, México, 2004, 189 pp.
- TAMAYO, Luis, El discipulado en la formación del psicoanalista. Un aporte del psicoanálisis a la pedagogía, Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos, México, 2004, 109 pp.
- THIERRY García, David René, “El triángulo cautivo: enseñanza, asesoría y tutoría”, Paedagogium. Revista Mexicana de Educación y Desarrollo, Año 2, Núm. 11, México, mayo-junio de 2002, pp. 20-23.
[1] En su libro Estrategias docentes
para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista,
Frida Díaz Barriga y Gerardo Hernández han precisado una serie de saberes
psicopedagógicos que dan cuenta no sólo del rol del docente y la naturaleza
interpersonal del aprendizaje, sino que constituyen un perfil del profesor
constructivista que deberá ser considerado por las instituciones formadoras de
docentes.
[2] Juan Delval, Los fines de la educación, Siglo XXI, 7ª ed.,
México, p. 82.
[3] Ruy Pérez Tamayo, Cómo acercarse a la ciencia,
CNCA-Limusa.Fondo Editorial de Querétaro, México, 1992, p. 79.
[4] Ibidem, p. 80.
[5] Martha Díaz Flores et al., Lecturas de apoyo para tutores, Tomo
III, p. 51.
[6] Cfr. Adrián de Garay S., Los
actores desconocidos, ANUIES, 2001 (Investigación financiada por la SEP).
[7] En el libro La política
educativa y la educación superior en México. 1999-2006: un balance, Julio
Rubio Oca da algunos datos interesantes en relación con la condición de los
estudiantes en México. Ahí aborda cuestiones referentes a su estado civil, el
número de horas invertidas en trabajar, el tiempo dedicado a preparar sus
clases, leer y realizar trabajos escolares, los aspectos que influyeron en la
selección de su carrera y las expectativas en torno al ejercicio de su
profesión. Destaco entre ellos uno que me parece central: un porcentaje
importante de ellos representa la primera generación de sus familias que tiene
la oportunidad de realizar estudios de nivel superior. Con los datos que allí
se presentan, se puede apreciar una clara segmentación social del sistema de
educación superior, al mismo tiempo, las cifras hacen evidente que alcanzar la
equidad en el Sistema Educativo Mexicano es una necesidad y un imperativo.
[8] Martha Díaz Flores et al., Lecturas de apoyo para tutores, Tomo I,
p. 7.
[9] Howard Gardner, Las cinco mentes
del futuro, p. 93.
[10] Cfr. Marha Díaz Flores et al,
Lectura de apoyo para tutores. Tomo
I, II y III, UAEM, México.
[11] David René Thierry García, “El triángulo cautivo: enseñanza, asesoría
y tutoría”, en Paedagogium, Revista
Mexicana de Educación y Desarrollo, No. 11, México, Mayo-junio de 2002, p.
21.
[12] Ibidem, p. 22.
[13] Idem.
[14] Idem.




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